Cuento: VOTA ÍNTEGRO BAJO LA INSIGNIA DEL MANIQUÍ

Estoy cansado de la rutina. Cuando estaba vivo era lo mismo. Ahora que reencarné en este maniquí barato solo me dedico a observar a los visitantes y residentes de mi pueblo de San Sebastián.  Los rostros de los niños casi se salen de los vehículos para mirarme, los adultos no se quedan atrás. Me siento importante. Pienso que puedo ser un buen candidato a la gobernación para la isla. Soy joven y bien parecido, con mucha experiencia, y me mantengo calladito como una excelente estrategia política. Desde estas alturas he aprendido a conocer los detalles y las necesidades de mi gente. En todos los municipios se repiten los mismos problemas. Además conozco a varios maniquís de las empresas claves y exitosas del área metropolitana de San Juan para desarrollar mi maquinaria política, muchos como yo, fríos y sin escrúpulos.

Para el 2016, seré el candidato del séptimo partido político, con el número de la buena suerte y el maniquí como su insignia. Salgo económico, pues no gasto mucho, quizás un poco en vestimenta. Y como los candidatos a puestos electivos de algunos de los partidos en competencia tengo la cabeza hueca. Mi lema de campaña será: “Cuento con tu voto, si el votar para ti no es un cuento”.

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Microcuento: EN EL METRO DE PARIS…

Sigue ahí sentado con los ojos cerrados y recostado del cristal de la ventana. Lleva más de cuatro horas. ¿Meditando, durmiendo? Al parecer llevamos el mismo destino. Es de mi edad y estatura, aunque más guapo cuando está dormido. La gente entra y sale del tren sin percatarse de su presencia. No se mueve ni respira. Por fin, se acerca un empleado uniformado y descubre que el pasajero está muerto. Gracias a Dios ya puedo abandonar la cabina, mi cuerpo es sacado del tren pasadas seis horas del infarto masivo.

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Microcuento: LA TUMBA PROFANADA

Enterré el aro de matrimonio en el jardín de mi casa. Pasé semanas, ilusionado que retoñara. Lo regaba cada tres días con mucha dedicación. Perdí la paciencia a los meses y escarbé para recuperarlo. Nunca lo hallé. O la tierra se lo había devorado o el vecino con su detector de metales profanó la cripta de mi amada.

Siempre la recordaré no importa que me haya traicionado. La venganza de ojo por ojo le quedó de show.

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Microcuento: LA NUBE

Contemplo desde las alturas la tranquilidad que perspira tu cuerpo en el mar.  Nos perseguimos el uno al otro sin descanso. Es mágica la sensación de poseerte con la mirada. Eres mío y de nadie más. Si el mundo no lo quiere entender, no es materia de discusión y poco me importa. Te diviso y puedo advertir que aunque estás más viejo, tu cuerpo aún es una rica presa para los depredadores. Inspiras amor y odio en las dudas de los que te quieren cautivar.

La brisa del océano me despierta de la meditación. El olor a salitre perfuma el crepúsculo. Vuelvo a mi cuerpo y dejo de ser la nube en el cielo que me cautiva al flotar en esta playa serena.  La acecho hasta que se la traga el horizonte en la distancia.

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Microcuento: ESQUELA

Bella Rodríguez Toro

Falleció el 18 de septiembre de 2012

“Siempre te recordaremos”

Te fuiste rápido de nuestras vidas, una semana antes de cumplir los cinco añitos. A pesar que eras única por tu condición te queremos con locura. Nunca permitimos que tus hermanos ni otros niños te marcaran como un fenómeno de circo por tus tres ojos. Espero que tu papá pueda aguantar tu partida, no come hace días, ojalá supere este dolor. Por mi parte, las madres tenemos un nivel de tolerancia a las desgracias envidiable. Tus hermanos Juan y Karla siempre te extrañarán. Tu única abuela Virginia está desconsolada. Todos rezamos para que el Padre te acoja en sus brazos.

El sepelio será mañana domingo a las 3:00 de la tarde en  la funeraria Los Prados Memorial en Puerto Nuevo. En vez de misa se celebrarán tus cinco añitos, una semana de adelanto, pues papito Dios te lo quiso celebrar con los ángeles y querubines en el Cielo. Mi angelito, acepta el cumpleaños como un acto de amor de tu familia.

No se aceptarán coronas ni arreglos florales de ninguna índole, en su lugar podrán traer peluches, los enterraremos con el santo cuerpo de nuestra hijita. La payasita Trompetilla amenizará la celebración. Habrá globos, casa de brincos, máquina de azúcar y palomitas de maíz. Todo gratis. Se servirá bizcocho y helado en vez de café y galletitas. Será una auténtica fiesta de cumpleaños.

La fiestecita comenzará a la 1:00 pm. Tú lo mereces mi princesita.

Lcda. Fátima Toro Velasco, Presidenta de Payasitos Incorporado

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Microcuento: LA SOMBRA DE MI AMANTE

Me persigues. No me das tregua. Mira que me hago el fuerte para olvidar el olor de tu ausencia. En cada rincón de la casa apareces en contra de mi voluntad. A pesar de la indiferencia  y deslealtad de los últimos años, me lastima la soledad. Hoy fue la primera vez que logro sacarte de mi pensamiento. ¿Qué opción tendré cuando se restablezca el servicio de energía eléctrica en mi hogar dentro de  unas horas?

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Cuento: NO HABLES CON DESCONOCIDOS

Es la primera vez en mi vida que cojo pon con un desconocido. Soy miedoso. Pero el mal tiempo me obliga a dar este paso.  Él detiene el carro justamente a mi lado.

—Súbete, ¿a dónde te diriges?

—A la comunidad de Candelero a visitar a mi abuela Luz María Hernández.

—Entra, yo conozco a doña Luz, te llevo.

Penetro al vehículo en la parte de atrás ya que el asiento del pasajero estaba ocupado por un acordeón y otros efectos musicales. Él tiene el radio en una emisora de música clásica a un volumen exagerado.

—Ponte a gusto, enseguida que lleguemos te aviso  —dice mientras baja el volumen del radio.

Miro hacia al frente y me percato que es un hombre de aproximadamente cuarenta años, pálido y muy acicalado. No puedo distinguir sus ojos pues están cubiertos con unas gafas de cristales muy oscuros.

Pasan diez minutos y parece que no solo se paraliza el tiempo sino mi respiración. Empiezo a evaluar el riesgo de coger pon con un extraño. ¿Conoce realmente a mi abuela? ¿O solo fue una excusa para que me montara? El estómago comienza a chillar como nunca, me palpita más que el corazón. Las piernas chocan a destiempo. El sudor se sale de su cauce sobre las axilas. Tengo la camisa pegada a mis pectorales como si me hubiese tirado al río sin quitarme la ropa. Estoy dispuesto a saltar del coche tan pronto desacelere o se detenga. Un segundo antes de tomar la decisión de brincar al vacío él detiene el carro con brusquedad.

—Llegamos amigo, salúdame  a tu abuela, dile que te trajo Fermín.

Se despide quitándose las gafas y dejando al descubierto sus ojos huérfanos de pupilas. No puedo contener mi asombro y le pregunto de inmediato:

—¿Usted tiene algún problema de la vista?

—Bueno joven, me estoy quedando ciego hace diez años, con una enfermedad rara en la retina que es hereditaria. Pero nací y crecí aquí,  en fin conozco las rutas y las paradas más visitadas en Yabucoa y todos sus alrededores.

—Pero, ¿como usted llega a los sitios, ciego?

__El ojo izquierdo aún tiene visión, casi de un veinte por ciento. Con eso y un poquito de fe llego a los lugares que deseo. Exclusivamente salgo cuando me llaman por teléfono uno de mis tres hermanos mayores para que vaya afinar el piano. Estuve afinando pianos durante veinte años, y no se necesita ver para afinar un piano. El oído es el que no puedo perder. La música me lleva a los sitios sin perderme. No sé cómo explicarlo, es como si viera el camino clarito. Un ángel guardián me guía para que pueda afinarles los pianos a mis tres hermanos. Somos una familia de músicos.

—¿Pero por qué ellos no vienen a buscarlo a su casa y lo llevan para que no ponga su vida en peligro?

— No hay más opción, esta enfermedad la heredamos de nuestro abuelo y todos se han quedado completamente ciegos, ellos desde jóvenes y yo después de viejo. Dentro de unos meses quedaré en tinieblas y les haré compañía en la oscuridad. Agradecido que Dios nos haya dejado la música como nuestro lazarillo. Joven, me despido pues mi vecina me invito a almorzar, estoy retrasado y el tiempo al parecer no va a mejorar.

—Gracias Don Fermín por el aventón, le daré sus saludos a mi abuela Luz.

—Nos vemos mi niño y gracias por confiar en un desconocido.

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Cuento: El NIÑO BOLSA

Dentro de dos meses inicio estudios en la universidad del estado. Necesito dinero para comprarme ropa. Mi hermano me consiguió trabajo de bagger en el supermercado del cual es sub-gerente. La paga por hora es la mínima por ley, pero las propinas compensan el trabajo agotador. Es increíble que se me contrate para empacar las compras de los clientes y llevarlas a sus vehículos cuando  la responsabilidad es otra.

Si no estoy empacando, me envían al almacén a otros quehaceres. Si se derrama alguna bebida o comida debo pasar el mapo. Cuando llego por las mañanas barro con la escoba todo el local, paso manguera en los alrededores de la estructura, hago letreros, pinto líneas amarillas en el estacionamiento, limpio baños, lavo y lustro góndolas y los cristales de las puertas y vitrinas. Además una vez en semana debo pasar la pulidora de pisos en todo el establecimiento.

Mi hermano mayor nunca me explicó la definición de bagger. Entendí que un niño bolsa es un joven que empaca en fundas de papel o plástico las compras de las decenas de clientes que visitan el colmado en la jornada laboral. Al finalizar los dos meses descubrí que era el niño explotado en una empresa netamente puertorriqueña y supervisado por su propio hermano, un abusador y anti obrero de primera.

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Microcuento: MASOQUISTA

—Bartender, deme otro whisky doble.

—Es el séptimo y creo que está bastante borracho para seguir tomando.

—No me importa. Este dolor es insoportable.

—¿Qué pena quieres olvidar amigo?

—Todo lo contrario, trato de recordar los pocos momentos de alegría que pasé junto a ella.

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Cuento: LA TORMENTA DESPLUMÓ LA GALLINA DEL PUEBLO

Se acaba de ir la energía eléctrica en todo el pueblo.  El calor ya se siente en mis codos y rodillas. Las tormenteras no permiten que las ráfagas refresquen mis entrepiernas.  El perro del vecino da sus ladridos de bienvenida a la oscuridad. La lluvia se revienta con fuerza  en la puerta principal y las ventanas del balcón. Es un concierto feroz de la naturaleza.

—¡Lalo tienes alguna linterna para tu vecina favorita, me muero de miedo! —gritaba Teresa frente a mi casa en la penumbra.

Desde la habitación del segundo piso ilumino su cuerpo, pero no logro distinguir bien por el aguacero y los vientos.

—No te muevas, voy y te llevo una.

Llego frente a ella en plena tormenta y alumbro su rostro. Me temo que los ojos no muestran desasosiego, sino obscenidad. Dirijo el foco caliente de la linterna a su cuerpo.

—¿Teresa qué rayos haces desnuda en medio de la tormenta?

—Amigo, esperando que la furia  de tu tempestad desplume esta lujuria.

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